Historia (fragmentos del libro Ibera de Norberto Bolzón)

Primitivos habitantes del Iberá (Arqueología)
Diferentes denominaciones tuvo el Ibera desde la época de la conquista Española: sus habitantes primitivos, los indios Caingang, lo llamaban "Apupen"; los antiguos historiadores de la colonia "Lagos o Pantanos de los Caracarás", denominación con la que figuran en la cartografía de los siglos XVII y XVIII; los jesuitas le dieron el nombre de "Laguna de Santa Ana" hasta que finalmente se llamó: Iberá (Aguas Brillantes). 
Los "Mariscadores", Patrimonio cultural de Iberá

Después de lo Caracarás, dentro del estero sólo habitaban los "Mariscadores", una de las figuras más tradicionales del Iberá; eran los isleños que cazaban como medio de subsistencia y operaban exclusivamente en lagunas, esteros, arroyos, riachos, etc. (no en el monte) en busca de nutrias, lobitos de río, carpinchos, yacarés, etc. estos señores de las aguas vivían en la zona y pasaban la mayor parte de la vida a bordo de sus canoas con un botador en la mano o agazapados en los esteros esperando cazar algo para comer o algo que vender. Para ellos era un oficio. La marginación geográfica les hacia conservar técnicas y procedimientos tradicionales de caza. Como marginados sociales, tenían un contacto muy esporádico con los centros poblados, incorporando algunas necesidades de consumo que satisficieron a su modo, comercializando el producto de su actividad.
   Su vida conocía de sacrificios y privaciones. Hasta hace algunos años, la población de mariscadores era importante; llegaban a recorrer la totalidad de la superficie de los esteros, dotados de linternas, "fijas", machetes, cuchillos, trampas, una razonable "provista" y algunos otros elementos y objetos que le aseguraban sobrevivir en sus travesías. Aprendían desde niños (a los 8 años).

En Corrientes, en la actualidad, la caza de ciertas especies está prohibida. El incumpliendo de tales reglamentaciones convierte esta actividad en furtiva y como tal es combatida  y perseguida, razón por la cual el numero de cazadores disminuyó notablemente, por lo que ahora existen muy pocos.
   Con la creación de la Reserva Natural del Iberá varios mariscadores fueron invitados a abandonar sus antiguas actividades de cazadores para ser Guarda faunas, cambiándoles completamente la vida, convirtiéndose en verdaderos protectores de la naturaleza y sus criaturas, aportando toda su experiencia, sus conocimientos de la región y sus habilidades para recorrer ese laberinto de islas, riacho, esteros y embalsados, que forman este desierto húmedo, verde y azul de Iberá.

 
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